Inauguramos el día yéndonos a las 8h a las piscinas del hotel:
la interior inserta en un salón, y sobre todo la exterior, a
orillas del lago Titisee. A nuestro alrededor el paisaje estaba nevado, el lago
casi helado, hacía una temperatura de 0º, ¡y tan ricamente en aquella agua
caliente!
la piscina exterior
Tras el baño que nos dejó nuevos nos ocupamos del desayuno, sentados en un atractivo comedor con grandes ventanales al lago.
Todo
ello hace que partamos a 10´30h
De primeras los 35km que separan Titisee de FRIBURGO por la carretera 31 que ya conocemos
pues es la que seguimos el primer día. De doble sentido, con un tramo delicado
de curvas muy cerradas. Y entramos en Friburgo, la capital de la Selva Negra.
Friburgo, como todas las ciudades alemanas, lo destacado lo
tiene en su altstadt-la
ciudadvieja,
y esta, también como en todas, es de un tamaño asequible para pasear.
Nada más salir del parking nos encontramos con esas atractivas
calles empedradas, medievales, flanqueadas de singulares casas y tiendas perfectamente
integradas a ese aspecto. Antiguamente, frente a ellas, dibujadas en el adoquín
se hallaba la figura de un zapato, o de unas tijeras, u otro objeto según el
oficio al que se dedicara ese establecimiento. Hoy esos dibujos se mantienen
pero ya muy pocas veces coinciden con el comercio frente el que se encuentran. (A
veces el dibujo de ese zapato se corresponde con una tienda de móviles, por
ejemplo).
Schlossberg-garage al fondo. Enseguida se accede a la altstadtbachle
También enseguida descubrimos que por esas calles discurren unas estrechas acequias.
Se llaman Bächle. Antaño era la
forma de canalizar el agua desde los manantiales de las montañas aledañas. Hoy se
mantienen pero como mera decoración. Un pasatiempo es
comprar un barquito de madera o un pato de goma (se ofrecen en muchos
puestos) y dejarlo arrastrar por la corriente de ese bachle.
Todos los caminos llevan a Roma, y los de Friburgo a la Münsterplatz, la Plaza de
la Catedral. Desde el aparcamiento sólo hubimos de bajar 5min la calle
Munzgasse. Evidentemente en esa plaza sobresalía la catedral, que es gótica, cuya
torre se publicita como la más hermosa de la cristiandad.
Entramos en esa catedral. Como curiosidad, en su puerta, grabado sobre la piedra, había unos círculos y unos cuadrados. Eran las medidas que debían tener los panes, o los ladrillos, para ser vendidos en esa plaza. Ya dentro lo más llamativo son las coloridas vidrieras.
A su alrededor los
enseres de esa plaza se completaban con varias fuentes y estatuas y un conjunto
de casas tradicionales muy vistosas, entre ellas el palacio
arzobispal, laKaufauss,
edificio de finanzas y comercio del siglo XVI, y laWentzinger Hauscon el museo de historia de la
ciudad. Tal y como se hacía antiguamente, el
mercado ocupa esa plaza, con sus puestos de productos tradicionales,
flores, marquetería... La gran diferencia es que la carnicería o la
pastelería en vez de estar en un rústico puesto hoy se ubica en una moderna
roulotte.
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