La frontera entre Uzbekistán y Kirguistán
Tras atravesar el valle y acercarnos a su extremo oriental, llegó el momento de abandonar Uzbekistán. Nuestro objetivo era entrar en Kirguistán por carretera y continuar hasta Osh, una de las principales ciudades del sur del país.
El paso fronterizo nos resultó bastante sencillo.
En el lado uzbeko, los agentes no revisaron los registros de los hoteles ni la declaración de aduanas que llevábamos. La parte más pesada fue responder a una sucesión de preguntas personales que, en nuestra impresión, tenían más de curiosidad que de control exhaustivo.
Una vez completados los trámites, cruzamos al lado kirguís, donde el procedimiento fue más rápido. Los ciudadanos españoles no necesitábamos visado para aquella entrada, de acuerdo con las condiciones aplicables en el momento de nuestro viaje.
Como siempre, conviene comprobar las normas de entrada antes de realizar un recorrido similar: los requisitos migratorios y los pasos fronterizos disponibles pueden cambiar con el tiempo.
A la salida encontramos una oficina de cambio. En aquel momento, la cotización era de aproximadamente 1 euro por 63 som kirguises.
Ya estábamos al otro lado de la frontera. Habíamos dejado atrás Uzbekistán, con sus grandes ciudades monumentales, sus madrasas y sus cúpulas azules, y entrábamos en un país con otra geografía y una identidad propia.
9. Llegada a Osh: ¡ya estamos en Kirguistán!
Desde la frontera había autobuses hacia el centro de Osh.
Tomamos el número 138, cuyo billete costaba apenas 10 som por persona. Para los seis viajeros, el desplazamiento equivalía a poco más de un euro en total, según el cambio de entonces.
También era posible recurrir a un taxi, cuyo precio rondaba los 300 som, aproximadamente 5 € en nuestras cuentas de aquel momento.
Elegimos el autobús y nos dirigimos hacia el centro.
¡Estábamos en Kirguistán!

Osh, situada en el sur del país, sería nuestra puerta de entrada a una nueva etapa del viaje. Después de semanas recorriendo Georgia, Armenia, Azerbaiyán y Uzbekistán, la llegada suponía un nuevo cambio de paisaje, costumbres y ambiente.
La Ruta de la Seda continuaba hacia el este. Nosotros habíamos completado una de las transiciones más interesantes del itinerario: desde las ciudades históricas de Uzbekistán hasta el valle de Ferganá y, finalmente, Kirguistán.