FERGANA VALLEY
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FERGANA VALLEY

Creado el 21 de mayo de 2015Actualizado el 16 de octubre de 202616 min readParen al mundo que me subo

The Silk Road passes through the fertile Fergana Valley. An essential historical corridor for caravans before facing the mountain passes, known as the golden valley due to its great natural wealth.

Valle de Ferganá: de Kokand a Osh, siguiendo la Ruta de la Seda


La Ruta de la Seda continúa. Las caravanas ya han atravesado los duros desiertos y han descansado en las legendarias ciudades de Jiva, Bujará y Samarcanda. Ahora, para quienes deciden seguir adelante, queda por cruzar el valle de Ferganá.


La ruta se dirige hacia el este, por tierras fértiles donde los viajeros podían abastecerse de víveres y reunir fuerzas antes de afrontar las montañas que conducen hacia China. Más allá esperan los grandes pasos de Asia Central, entre ellos el mítico Torugart, en la frontera entre Kirguistán y China.


El valle es una de las regiones más fértiles de Asia Central y una antigua encrucijada de pueblos, culturas y rutas comerciales.


Nuestro recorrido nos llevará hasta Kokand, antigua capital de un poderoso kanato, y continuará por el valle hasta Andiján. Desde allí cruzaremos la frontera con Kirguistán para alcanzar Osh, una de las ciudades históricas más importantes del sur del país.


Antes de partir nos informamos sobre la situación de la región, conocida por sus complejidades fronterizas y sus tensiones históricas.


Nos aseguraron que el valle estaba tranquilo y decidimos continuar. La experiencia terminó siendo mucho más amable de lo que algunas informaciones podían hacer imaginar: encontramos personas hospitalarias, conductores que se convirtieron en compañeros de viaje y una acogida que recordamos con especial cariño.



Índice

  1. El valle de Ferganá: el fértil corazón de Asia Central
  2. Cómo llegar de Tashkent a Kokand
  3. El paso de Kamchik, la puerta del valle
  4. Dónde dormir en Kokand
  5. Qué ver en Kokand
    • 5.1. Palacio de Khudoyar Khan
    • 5.2. Parque Muqumi
    • 5.3. Mezquita Jami
    • 5.4. Mezquita y madrasa Narbutabey
  6. De Kokand a Andiján: atravesando el valle
  7. Marguilán y la tradición de la seda
  8. La frontera entre Uzbekistán y Kirguistán
  9. Llegada a Osh: ¡ya estamos en Kirguistán!
  10. Consejos prácticos para organizar la ruta
  11. Nuestra impresión del valle de Ferganá

1. El valle de Ferganá: el fértil corazón de Asia Central


La fertilidad de estas tierras explica que el valle recibiera el sobrenombre de «valle de oro».


Los ríos Naryn y Kara Darya confluyen para formar el Syr Darya, uno de los grandes cursos fluviales de Asia Central. Gracias a sus aguas, esta región ha sido durante siglos un importante espacio agrícola, comercial y demográfico.


Antaño, buena parte del valle estuvo vinculada al kanato de Kokand, un estado que alcanzó su apogeo durante los siglos XVIII y XIX. Su historia cambió con la expansión del Imperio ruso y la posterior reorganización territorial soviética.


Hoy, el valle se reparte entre Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán.


Las fronteras actuales responden en buena medida a las delimitaciones administrativas trazadas durante la época soviética, que no siempre coincidían con la distribución de las comunidades y sus vínculos culturales. Tras la desaparición de la Unión Soviética, algunas de estas divisiones contribuyeron a generar tensiones y dificultades fronterizas.


A esta complejidad histórica y política se han sumado, en distintos momentos, problemas de seguridad y episodios de radicalismo religioso. Por eso, antes de emprender el recorrido, nos informamos sobre la situación de la región.


Las referencias que consultamos nos indicaban que el valle estaba tranquilo y, como debíamos llegar a Kirguistán —habíamos comprado el vuelo de regreso a España desde Biskek, su capital—, decidimos continuar hacia el este.


La alternativa era volar de Tashkent a Biskek o buscar una ruta hacia el norte que implicaba atravesar territorio kazajo.


Preferimos seguir por carretera y conocer una región que, además de su importancia histórica, tenía mucho que ofrecer.


La experiencia fue muy positiva. Nos sentimos bien acogidos en el valle. La gente se mostró atenta, cercana y dispuesta a ayudarnos. Una vez más, la realidad cotidiana del viaje nos permitió ir más allá de los titulares y de las ideas preconcebidas.



2. Cómo llegar de Tashkent a Kokand

Para organizar esta etapa recurrimos a Mirzo Guest House, el alojamiento donde nos habíamos hospedado a nuestra llegada a Tashkent.

A través de sus responsables contratamos un coche privado para realizar el trayecto Tashkent–Kokand.

  • Precio total: 250.000 som uzbekos, unos 65 € según el cambio de entonces.
  • Grupo: seis personas, por lo que el coste se repartió entre todos.
  • Recogida: en la estación de tren de Tashkent.
  • Conductor: Rashlan.

De esta manera evitábamos depender de los horarios del transporte público y podíamos realizar el trayecto con cierta flexibilidad.


La primera parte del recorrido discurrió por una buena autopista hasta Angren, donde nos detuvimos a las 13:00 h para comer en un restaurante local.


Nos sentamos en una terraza al aire libre y disfrutamos de una comida por unos 3 € por persona. El precio incluía también la invitación a comer a los conductores, un detalle que contribuyó a crear desde el principio un ambiente muy cordial.


Después de comer, continuamos hacia las montañas. La carretera atravesaba bonitos valles y paisajes cada vez más elevados. La circulación era cómoda, con tramos de dos carriles por sentido.


Poco después de salir de Angren tuvimos que detenernos en un puesto de control. Mostramos los pasaportes y nos registraron antes de dejarnos continuar. Más adelante, la carretera comenzó a ascender hacia uno de los pasos de montaña más importantes de Uzbekistán.



3. El paso de Kamchik, la puerta del valle


El ascenso nos condujo hasta el paso de Kamchik, situado a unos 2.267 metros de altitud, una de las principales vías de comunicación entre Tashkent y el valle de Ferganá.


En la cota más alta hicimos una parada. El paisaje resultaba bucólico: montañas, aire fresco y una estampa que invitaba a estirar las piernas antes de continuar el viaje.


El lugar estaba presidido por una estatua de una cabra montés.



Rashlan y los demás conductores, con quienes habíamos hecho muy buenas migas, nos tenían preparada una sorpresa. Nos regalaron una fotografía del grupo, realizada e impresa allí mismo por el hombre que atendía un pequeño puesto. Un recuerdo sencillo, pero especialmente entrañable, que todavía hoy nos devuelve a aquel momento.



Tras la parada, seguimos adelante. Atravesamos varios túneles cuyas entradas y salidas estaban fuertemente custodiadas por militares. Las medidas de seguridad nos recordaban que no se trataba de una carretera cualquiera: era una vía estratégica que comunicaba la capital con una región separada de ella por una barrera montañosa.



Al dejar atrás las montañas, el paisaje volvió a abrirse. Ante nosotros se extendía la amplia planicie del valle de Ferganá, mucho más verde y cultivada que los territorios áridos que habíamos recorrido durante las etapas anteriores.

A las 16:00 h llegamos a Kokand. Habíamos cruzado las montañas y alcanzado el corazón histórico del valle.


4. Dónde dormir en Kokand


Hotel Kokand


Nos alojamos en un hotel grande, de estilo soviético, con habitaciones amplias y una distribución funcional.

  • Precio: unos 20 € por persona en habitación doble con baño privado.
  • Habitaciones: amplias, con televisión y wifi.
  • Valoración: una opción práctica para descansar y dedicar el tiempo disponible a visitar la ciudad.

Tras dejar el equipaje, no tardamos en volver a salir. Nuestros conductores todavía estaban con nosotros y aprovechamos para acercarnos al monumento que más nos interesaba conocer: el palacio del kan.





vistas desde el hotel


5. Qué ver en Kokand


Kokand, también conocida como Qoqon, fue la capital del kanato del mismo nombre. Su importancia política y comercial se refleja en los monumentos que han sobrevivido hasta nuestros días.


La ciudad actual es extensa y tiene un trazado poco compacto. Las avenidas son largas y las distancias entre algunos puntos de interés hacen que resulte complicado recorrerla enteramente a pie. Por eso, para las visitas más alejadas conviene recurrir al transporte local.


5.1. Palacio de Khudoyar Khan


Nuestra primera parada fue el palacio de Khudoyar Khan, una construcción que destaca por su espectacular fachada decorada con azulejos de colores y motivos geométricos.


El palacio fue mandado construir por Khudoyar Khan, último gobernante del kanato de Kokand, y quedó terminado en 1873. El conjunto llegó a contar con 114 habitaciones, entre ellas dependencias privadas y un harén. Sin embargo, buena parte de su esplendor original desapareció tras la conquista rusa y los daños sufridos por el edificio.


Lo que permanece permite hacerse una idea de la riqueza de la arquitectura de la época. En el interior encontramos patios y salas ornamentadas, techos policromados, frescos y cúpulas que contrastan con la sobriedad de algunos espacios exteriores. Una de las estancias albergaba una amplia colección de caftanes.


Entrada durante nuestro viaje: 3.000 som uzbekos, 0,80 €.


Tras la visita nos despedimos de Rashlan y de los demás conductores. Su compañía había hecho mucho más agradable el trayecto desde Tashkent, y el regalo de la fotografía quedó como recuerdo de aquella jornada.







5.2. Parque Muqumi


Frente al palacio se encuentra el parque Muqumi, un espacio agradable que atravesamos para dirigirnos hacia la siguiente visita.


Desde la entrada tomamos el autobús número 8, que nos permitió acercarnos a la mezquita Jami. El billete costaba 500 som por persona.


Moverse en transporte público fue una manera sencilla y económica de salvar parte de las distancias de una ciudad.



5.3. Mezquita Jami


La mezquita Jami, cuyo nombre se pronuncia aproximadamente «Yimi», es uno de los edificios religiosos más importantes de la ciudad. Su construcción actual data de comienzos del siglo XIX, concretamente de 1812, y el conjunto destaca por su patio y su minarete de unos 22 metros de altura.


mezquita Jami


5.4. Mezquita y madrasa Narbutabey


Ya de noche continuamos a pie por unas avenidas prácticamente desiertas hasta llegar a la mezquita y madrasa Narbutabey.


El complejo forma parte del patrimonio histórico de Kokand y está vinculado a la etapa de mayor desarrollo del kanato.


En la parte posterior encontramos varios mausoleos y tumbas relacionadas con los antiguos gobernantes.


La visita nocturna aportó una atmósfera muy distinta a la del palacio.


Para regresar al hotel tomamos un taxi que nos costó 4.000 som, 1,20 €.


En aquella época, los taxis de Kokand aplicaban tarifas que nos resultaron fáciles de recordar: unos 4.000 som para los desplazamientos dentro de la ciudad y 5.000 som para llegar a las afueras, por ejemplo, a la estación de autobuses.


Atracón de pizzas -kaya


La jornada terminó con una cena en una pizzería junto al hotel. El menú estaba únicamente en uzbeko, así que tuvimos que recurrir a nuestro método habitual para resolver el problema.


Decidimos señalar con el dedo las pizzas cuyo nombre que terminaba en «-kaya».


Resultaron ser las que llevaban queso, y no precisamente en pequeñas cantidades: estaban cubiertas de una capa generosa de queso fundido, del estilo de las lonchas de tranchete.


La cena se convirtió en una auténtica «tranchetada», por unos 4 € por persona.


Sería una de esas anécdotas que terminan formando parte de la historia del viaje.



6. De Kokand a Andiján: atravesando el valle


La siguiente etapa nos llevaría desde Kokand hasta Andiján, en el extremo oriental del valle de Ferganá, muy cerca de la frontera con Kirguistán.


La distancia por carretera es de aproximadamente 100 kilómetros y el trayecto nos llevó alrededor de una hora, según las condiciones del tráfico.


Existían autobuses frecuentes entre ambas ciudades, pero preferimos viajar en taxi compartido.

  • Precio del taxi compartido: 15.000 som por persona, unos 4,50 € según el cambio de entonces.
  • Salida: desde la zona conocida como Andijan Sipitak, a las afueras de Kokand.
  • Duración aproximada: una hora.

Desde el hotel tomamos primero un taxi urbano hasta el punto donde se concentraban los coches compartidos con destino a Andiján. Allí los vehículos salían cuando completaban las plazas disponibles.


Nadie hablaba inglés, pero eso no supuso un gran problema. Entre los conductores había una mujer que llevaba la voz cantante y organizaba las salidas. Era ella quien ponía orden, coordinaba a los pasajeros y se aseguraba de que todo funcionara. También era una de las conductoras.


La escena nos hizo sonreír. A veces, las imágenes simplificadas que recibimos sobre determinadas sociedades no se corresponden con lo que encontramos en la vida cotidiana. En aquella estación improvisada, la mujer dirigía la operación con una naturalidad y una autoridad que nadie parecía cuestionar.


Finalmente salimos a las 9:00 h, repartidos en dos coches.


La carretera estaba en buen estado, con tramos de doble sentido y otros de autopista. El viaje estuvo amenizado por una banda sonora que nos transportó directamente a los años ochenta: CC Catch, Boney M y Kylie Minogue, entre otros. Una selección musical inesperada para atravesar el valle de Ferganá.


Nuestro conductor se llamaba Majron.


Mientras avanzábamos, dejamos a un lado las ciudades de Ferganá y Marguilán, dos localidades estrechamente vinculadas a la historia agrícola y artesanal de la región.


Majron, el chófer
7. Marguilán y la tradición de la seda


Marguilán es conocida por su larga tradición sedera. Durante siglos, la producción y el tejido de la seda formaron parte de la economía local, y todavía hoy es posible encontrar talleres y factorías donde se muestran distintas fases de su elaboración.


La ciudad representa muy bien la continuidad de los oficios tradicionales asociados a la Ruta de la Seda.


Más allá de los monumentos, estos lugares permiten comprender que el comercio histórico no consistía únicamente en transportar mercancías a grandes distancias: también dependía de los artesanos, los talleres y las comunidades que producían tejidos, tintes y otros bienes destinados a los mercados.


Durante el trayecto nos contaron una curiosa historia sobre el nombre de Marguilán, relacionado popularmente con una visita de Alejandro Magno. Según esa leyenda, el conquistador habría sido recibido con pollo —murg— y pan —non—, de cuya combinación habría surgido el nombre de la ciudad. Murguinon: Marguilan.


Es una explicación tradicional que forma parte de las historias transmitidas sobre el lugar, aunque no debe confundirse con una etimología históricamente demostrada.


No nos detuvimos a visitar las factorías, pero ver aquellas ciudades integradas en el recorrido nos recordó que la Ruta de la Seda sigue teniendo una dimensión viva. La seda no es únicamente una mercancía del pasado: continúa siendo parte de la identidad artesanal de la región.


8. La frontera entre Uzbekistán y Kirguistán


Tras atravesar el valle y acercarnos a su extremo oriental, llegó el momento de abandonar Uzbekistán. Nuestro objetivo era entrar en Kirguistán por carretera y continuar hasta Osh, una de las principales ciudades del sur del país.


El paso fronterizo nos resultó bastante sencillo.


En el lado uzbeko, los agentes no revisaron los registros de los hoteles ni la declaración de aduanas que llevábamos. La parte más pesada fue responder a una sucesión de preguntas personales que, en nuestra impresión, tenían más de curiosidad que de control exhaustivo.


Una vez completados los trámites, cruzamos al lado kirguís, donde el procedimiento fue más rápido. Los ciudadanos españoles no necesitábamos visado para aquella entrada, de acuerdo con las condiciones aplicables en el momento de nuestro viaje.


Como siempre, conviene comprobar las normas de entrada antes de realizar un recorrido similar: los requisitos migratorios y los pasos fronterizos disponibles pueden cambiar con el tiempo.


A la salida encontramos una oficina de cambio. En aquel momento, la cotización era de aproximadamente 1 euro por 63 som kirguises.


Ya estábamos al otro lado de la frontera. Habíamos dejado atrás Uzbekistán, con sus grandes ciudades monumentales, sus madrasas y sus cúpulas azules, y entrábamos en un país con otra geografía y una identidad propia.



9. Llegada a Osh: ¡ya estamos en Kirguistán!


Desde la frontera había autobuses hacia el centro de Osh.


Tomamos el número 138, cuyo billete costaba apenas 10 som por persona. Para los seis viajeros, el desplazamiento equivalía a poco más de un euro en total, según el cambio de entonces.


También era posible recurrir a un taxi, cuyo precio rondaba los 300 som, aproximadamente 5 € en nuestras cuentas de aquel momento.


Elegimos el autobús y nos dirigimos hacia el centro.


¡Estábamos en Kirguistán!


Osh, situada en el sur del país, sería nuestra puerta de entrada a una nueva etapa del viaje. Después de semanas recorriendo Georgia, Armenia, Azerbaiyán y Uzbekistán, la llegada suponía un nuevo cambio de paisaje, costumbres y ambiente.


La Ruta de la Seda continuaba hacia el este. Nosotros habíamos completado una de las transiciones más interesantes del itinerario: desde las ciudades históricas de Uzbekistán hasta el valle de Ferganá y, finalmente, Kirguistán.



10. Consejos prácticos para organizar la ruta
  • Planificar el trayecto: el coche privado desde Tashkent a Kokand fue una solución cómoda para nuestro grupo de seis personas.
  • Consultar la situación de seguridad: antes de viajar por el valle de Ferganá conviene revisar las recomendaciones oficiales y comprobar qué pasos fronterizos están operativos.
  • Reservar tiempo para Kamchik: el paso de montaña ofrece una parada interesante durante el recorrido. Las condiciones meteorológicas y de circulación pueden afectar al tiempo de viaje.
  • Organizar los desplazamientos en Kokand: la ciudad es extensa y algunos monumentos están separados entre sí. Los autobuses y taxis ayudan a ahorrar tiempo.
  • Valorar los taxis compartidos: son una alternativa económica para desplazarse entre las ciudades del valle, aunque puede ser necesario esperar hasta que se completen las plazas.
  • Visitar Marguilán si interesa la seda: la ciudad cuenta con una tradición artesanal que ayuda a comprender la importancia histórica de los tejidos en la región.
  • Comprobar los requisitos fronterizos: los visados, los horarios y las condiciones de entrada pueden variar. Es importante confirmar la información actual antes de viajar.
  • Llevar dinero local: el cambio de moneda y los pagos en efectivo pueden resultar útiles para autobuses, taxis y pequeños establecimientos.
Actualizar los precios: las cantidades que aparecen en este artículo corresponden a nuestro viaje y se conservan como referencia histórica. No deben tomarse como tarifas actuales

10. Nuestra impresión del valle de Ferganá


Llegábamos al valle con cierta prevención. Antes de viajar habíamos leído sobre sus tensiones fronterizas, sus complejidades políticas y los problemas de seguridad que habían afectado a la región en distintos momentos. Por eso nos informamos y valoramos las alternativas antes de decidirnos a continuar.


La experiencia fue muy distinta de cualquier imagen inquietante que pudiéramos habernos formado previamente. En Kokand nos encontramos con una ciudad extensa, de avenidas largas y con monumentos que merecían la visita. El palacio de Khudoyar Khan nos recordó la importancia histórica del antiguo kanato, mientras que las mezquitas y mausoleos nos permitieron completar una visión de la ciudad más allá de su aspecto cotidiano.


También recordamos los pequeños detalles: la sorpresa de nuestros conductores en el paso de Kamchik, la fotografía impresa que nos regalaron, la mujer que organizaba los taxis compartidos y aquella pizza de queso que terminó convirtiéndose en una anécdota gastronómica.


Son momentos que difícilmente aparecen en los relatos históricos, pero que dan sentido al viaje. La región no fue para nosotros una simple zona de paso entre Uzbekistán y Kirguistán. Fue un lugar donde conocimos personas que nos ayudaron, nos hicieron reír y nos demostraron una hospitalidad que agradecimos especialmente.


El valle de Ferganá nos recordó que viajar por una región compleja requiere informarse y actuar con prudencia, pero también evitar que las advertencias previas condicionen por completo nuestra mirada. La historia y la política son importantes para comprender un territorio; la experiencia directa permite añadir otra perspectiva, más cercana y cotidiana.


Nos marchamos con la satisfacción de haber seguido adelante y con ganas de descubrir lo que nos esperaba en Kirguistán. La Ruta de la Seda continuaba, y nosotros seguíamos sus pasos.

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