YARLUNG
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YARLUNG

Creado el 27 de agosto de 2019Actualizado el 22 de octubre de 20269 min readParen al mundo que me subo

A reflection on the Yarlung Valley as the cradle of Tibetan civilization, highlighting the figure of King Songtsen Gampo and the empire's expansion.

Tsetang y el valle de Yarlung: la cuna de la civilización tibetana


El valle de Yarlung ocupa un lugar fundamental en la historia del Tíbet. Aquí, entre montañas, campos fértiles y las aguas del río Yarlung Tsangpo, surgieron los primeros reinos tibetanos y se desarrollaron algunas de las tradiciones que acabarían definiendo su identidad cultural y religiosa.


Antes de la formación del imperio tibetano, el territorio estaba dividido entre diferentes comunidades y jefaturas tribales. Entre sus creencias destacaba la religión Bön, una tradición espiritual anterior a la expansión del budismo, cuyas prácticas y elementos rituales han perdurado en la cultura tibetana.


En el siglo VII, el rey Songtsen Gampo unificó buena parte de esos territorios y sentó las bases del imperio tibetano.


Recorrer hoy el valle de Yarlung permite acercarse a aquellos comienzos a través de antiguos monasterios, fortalezas encaramadas en riscos y paisajes que conservan una profunda relación con las leyendas fundacionales del Tíbet.



1. De Samye a Tsetang: siguiendo el río Yarlung Tsangpo


A las doce del mediodía comenzamos el trayecto desde Samye hasta Tsetang, unos 48 kilómetros de carretera que siguen, en buena parte, el curso del río Yarlung Tsangpo, el gran río tibetano que más adelante recibe el nombre de Brahmaputra.


El paisaje sorprende por la amplitud del valle y el río caudaloso. También aparece una estampa inesperada para quien asocia el Tíbet exclusivamente con cumbres nevadas y pastos de altura: ¡un tramo de auténtico desierto, con sus propias dunas!


Pasamos varios puestos de control, aunque ninguno ninguno nos solicitó los permisos durante aquel viaje, realizado en 2011.


Uno de los principales inconvenientes era el cruce del río. Samye quedaba en una orilla y Tsetang en la otra. El nuevo puente todavía estaba proyectado, por lo que era necesario continuar hasta un puente situado más adelante y desandar después varios kilómetros por la orilla opuesta. 


Existía también una alternativa más directa: una embarcación utilizada por peregrinos para cruzar el río desde las proximidades de Samye.


A las dos de la tarde llegamos a Tsetang, una de las principales ciudades del sur del Tíbet y puerta de entrada al valle de Yarlung.






2. Tsetang: dos ciudades en una


Tsetang presenta dos caras muy diferentes. Por un lado, la ciudad moderna, con avenidas anchas, edificios funcionales y grandes espacios urbanos; por otro, el antiguo barrio tibetano, con sus callejuelas, viviendas tradicionales y una vida cotidiana mucho más ligada a las costumbres rurales.


La primera impresión llega a través de una avenida monumental, adornada con farolas que imitan palmeras tropicales, ¡incluso con sus cocos! Como si aquello no fuera suficiente, algunas están coronadas por figuras de gaviotas. 


Una decoración sorprendente en una ciudad situada en el interior de la meseta tibetana.



Alojamiento 


Nos alojamos dos noches en una guesthouse situada frente al restaurante Tashi, junto al río Yarlung.

Habitaciones dobles con baño por 120 yuanes, aproximadamente 6 euros por persona.

De noche esa avenida junto al río se iluminaba como una feria.
La ciudad nueva. El mercado Bairi Jie 

El paseo por la ciudad moderna discurre por Gongbu Lu, una avenida perpendicular al río, flanqueada por edificios nuevos e impersonales. 



Por el camino hacia la ciudad antigua vimos el mercado Bairi Jie, con una amplia variedad de productos.





El barrio antiguo.


Llegar al barrio antiguo es como atravesar una frontera invisible: de las avenidas amplias y modernas se pasa a un entramado de callejuelas irregulares, viviendas tradicionales y espacios que conservan un marcado carácter rural.


Aquí todavía se ven vacas, ovejas, tractores y herramientas agrícolas. Algunas familias aventan el grano y lo extienden después sobre grandes lonas para secarlo al sol. La vida transcurre a otro ritmo, muy lejos de la imagen urbana.







Entre las construcciones religiosas destaca el monasterio de Ganden Chonkhorling, de fachada rojiza.  





El
convento de Sang-ngag Zimche. Desde él partía un kora que ascendía la montaña Gampo Ri. Otra de esas montañas sagradas tibetanas. 

Gampo Ri: la montaña del origen del pueblo tibetano


Gampo Ri está vinculada a una de las leyendas más conocidas de la tradición tibetana. Según el relato, Chenresig —el bodhisattva de la compasión— se manifestó en forma de mono y se unió a una ogresa llamada Sinmo. De esa unión habría surgido el pueblo tibetano.


En las proximidades se encuentra una cueva de meditación conocida como la cueva del mono, relacionada con esta narración fundacional.



La visita continúa por el monasterio de Ngamcho, otro de los centros religiosos del barrio antiguo. 



Sin embargo, el mayor interés de Tsetang no reside únicamente en sus monumentos. Está también en sus habitantes, en sus costumbres y en la posibilidad de observar una forma de vida que contrasta con la ciudad moderna. 


Las sonrisas y los habituales tashi delek, el saludo tibetano, acompañan buena parte del recorrido.




El regreso por la ciudad moderna


De vuelta al barrio moderno aparecen calles comerciales llenas de bazares, avenidas con boutiques de lujo y plazas monumentales. 


En una de ellas destaca una gran estatua de un mani, el molinillo de oración tibetano, junto a una reproducción de Yumbulagang, la célebre fortaleza que espera en el valle de Yarlung.





Por la noche, los neones iluminan las fachadas. Tsetang parece entonces una ciudad completamente distinta de la que se descubre durante el día en su antiguo barrio tibetano.

La avenida junto al río se transforma. Adquiere un ambiente casi de feria. 



La cena tiene lugar en el Tashi Restaurant, un local agradable decorado al estilo tibetano. En la mesa aparecen patatas aloo jeera, una preparación especiada que recuerda, por su textura, a las patatas revolconas; hamburguesa de yak y ensalada de frutas con yogur. La cerveza tibetana, por su parte, recuerda más a un mosto que a una cerveza convencional.

La cuenta asciende a 333 yuanes para el grupo, unos 66 yuanes-7€ por persona



3. El valle de Yarlung: Yumbulagang y Trandruk


El valle de Yarlung se abre hacia el sur desde Tsetang y reúne algunos de los lugares más importantes para comprender los orígenes históricos y legendarios del Tíbet.


Sus dos grandes visitas son la fortaleza de Yumbulagang, encaramada sobre un promontorio rocoso, y el monasterio de Trandruk, uno de los centros budistas más antiguos de la región. 


A ellos se pueden añadir otros monasterios y, si se dispone de tiempo, la prolongación hacia el valle de Chongye, donde se encuentran las tumbas de los antiguos reyes tibetanos.


Valle de Yarlung

La jornada comienza después del desayuno en el restaurante Tashi. Partimos hacia Yumbulagang, situado a doce kilómetros de Tsetang.


Yumbulagang: la fortaleza de los primeros reyes tibetanos


La silueta de Yumbulagang aparece sobre un risco que domina el valle. 


La tradición tibetana considera Yumbulagang el primer palacio del Tíbet y lo relaciona con los antiguos reyes de la dinastía de Yarlung. 


Aunque el edificio actual es una reconstrucción posterior, el lugar conserva una enorme importancia simbólica.


Desde el aparcamiento comienza una subida por un camino empedrado que serpentea en zigzag hasta la fortaleza. La pendiente es pronunciada. Quienes lo prefieren pueden recurrir a los animales de transporte disponibles, desde caballos y yaks hasta un sorprendente camello bactriano.


La entrada costaba 60 yuanes. Grupo de cinco personas 40 yuanes por persona.


En el interior aparecen las imágenes de las deidades, los espíritus protectores, las pequeñas lámparas de mantequilla y las ofrendas que caracterizan los santuarios tibetanos. 





La visita no termina en el edificio. Un estrecho camino cubierto de banderas de oración, los llamados caballos del viento, lo une a un segundo promontorio rocoso.


Desde arriba, las vistas del valle son extraordinarias. Los campos, el río y las montañas forman un paisaje sublime.


El descenso por la vertiente contraria conduce hasta una fuente vinculada tradicionalmente al rey Songtsen Gampo y, desde allí, de vuelta al aparcamiento.




El monasterio de Trandruk: uno de los primeros centros budistas del Tíbet


La siguiente parada es el monasterio de Trandruk.

Su nombre proviene de Tra-halcon y Druk-dragon.

Según la leyenda, el rey S. Gampo tomó forma de halcón (tra) para vencer a un dragón (druk) que le impedía alzar este monasterio.

Trandruk ocupa un lugar destacado entre los primeros centros budistas del Tíbet. Su historia está ligada a la expansión del budismo durante los primeros siglos de formación del Estado tibetano .


El quinto y séptimo Dalai Lama lo ampliaron considerablemente.



La entrada costaba 70 yuanes. Grupo de 5: 40 yuanes.


El recinto permite acercarse a una arquitectura religiosa que conserva el vínculo entre los primeros momentos del budismo tibetano y la tradición monárquica de Yarlung.






4. El valle de Chongye: las tumbas de los antiguos reyes tibetanos


Hay una prolongación de la excursión que merece especial consideración: el valle de Chongye, situado más allá del valle de Yarlung.


Esta zona alberga las tumbas de los antiguos reyes tibetanos, un conjunto arqueológico de gran importancia para comprender la historia de la primera monarquía del Tíbet y el desarrollo del imperio tibetano.


5. El lago Lhamo Tso: un lugar sagrado y un oráculo


Para quienes dispongan de más tiempo en el valle de Yarlung, a 80 kilómetros al este de Tsetang, se encuentra Lhamo Tso, un lago sagrado cuyo nombre se relaciona con una divinidad femenina. 


Tradicionalmente ha sido un importante lugar de peregrinación y se asocia a las visiones oraculares utilizadas en la búsqueda de la reencarnación de determinados maestros tibetanos.


Desde esta zona, la ruta puede continuar hacia Bayi y adentrarse en las regiones orientales del Tíbet. 


Nuestra impresión


Tsetang nos mostró dos caras muy distintas del Tíbet. Por un lado, una ciudad moderna, de grandes avenidas, edificios de cristal y acero, escaparates de lujo y farolas ornamentadas; por otro, un barrio tibetano más tradicional, donde la vida cotidiana transcurría a otro ritmo, entre pequeños comercios, tareas agrícolas y monasterios que parecían ajenos al paso del tiempo. Dos mundos que convivían en un mismo espacio, reflejando las profundas transformaciones del país.


Pero la verdadera sorpresa llegó al abandonar la ciudad y adentrarnos en el valle de Yarlung. Allí, entre montañas y campos cultivados, descubrimos algunos de los lugares más emblemáticos de la historia tibetana. El palacio de Yumbulagang, encaramado sobre una colina rocosa, y el monasterio de Trandruk nos acercaron a los orígenes de una civilización en la que historia, religión y leyenda forman parte de un mismo relato.


Recorrer este valle es viajar a las raíces del Tíbet, a una tierra donde nacieron antiguas dinastías y comenzaron a arraigar las tradiciones que marcarían su identidad. 

#tibet#historia#cultura#valle
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